2003-02-21
El Hígado de DiosEsta noche - fría del carajo, sea dicho de paso - me he encontrado a la Juani con muy pocas ganas de chufla. Si he de ser sincero, lo que intentaré a pesar de no ser labor fácil, debería decir que sin ninguna. Nada mas verme franquear la puerta, ha fijado en mí un rostro, encendido por brillantes pupilas de mujer fiera, y, apasionada, ha empezado a lamentarse: -. "Tenebris, ¡estoy del hígado!". -. "Vaya Juani, no sabía que tuvieses las transaminasas altas", me he apresurado a replicar, dejando trasludir, con la inflexión de mi voz, una cierta preocupación por su salud. -. "Es pior queso Tenebris. No sufro pero ¡me ponen!, ¡me ponen del Hígado, todos esos mal nacidos, que juegan con las vidas ajenas!". La verdad es que hacía tiempo de no cataba una Juani de tan serio semblante y, sobre todo, con ese brillo, me atrevería a decir que cuasi homicida, en los ojos. Mi instinto de supervivencia me indicaba que lo correcto era mirar el reloj de reojillo, dar las buenas noches y, a continuación. salir pitando de la Taberna del Olvido pero... ya lo dice el refrán "la curiosidad mató al gato" y, aunque un servidor no es villano de la corte sino de Bilbao, algo me indicaba que, si sabía poner cara de jugador de mus, la Juani iba a desfogar sus dolientes entrañas, sin que corriese la sangre por los resquebrajados baldosines de la cantina. -. "¿Oiste la noticia, Tenebris?" -. "¿Cual de todas, Juani?" -. "Esa de la niña nicaragüense de 9 años, a la que un abusador mal nacido ha truncado la infancia". -. "¿Y quien no, Juani?" -. "Pos eso es lo que me tiene del hígado Tenebris; eso y la reacción de los zampahostias de turno de esa Conferencia Episcopal española que, con sus nueve desgarrados años, pretenden obligarla a derramar su sangre en el paritorio de un quirófano". La verdad es que no hacía ni una hora que había estado escuchando a Monseñor Juan José Ajenjo diciendo, a través de la frecuencia modulada, que la Iglesia, en su defensa de la vida, se opone a la eutanasia y al aborto y que era muy de lamentar toda violación, por ser la humillación mayor que se puede hacer a un ser humano, máxime siendo mujer y más aún por tratarse de una niña pero, y aquí viene lo grotesco de la intervención de los prelados, que esta agresión violenta no justifica la eliminación de otra vida, que es igual a la de la mujer. -. "¿Has visto alguna vez Tenebris que a una niña de nueve años se le considere mujer? ¿Qué moral es esa por la que estos fundamentalistas del crucifijo se arrogan el derecho de forzar a una niña a parir? ¿Es que esperan un nuevo Mesías que les redima de la maldad de esa ética corrompida, que disfrazan de supuesta inspiración divina? Llegados a este punto, la Juani ya había conseguido contagiarme su malestar. Por lo pronto, notaba crecer en mi estómago una bola abrasadora, que no me permitía dar ni un sorbo al orujo de hierbas, que había pedido. Y es que, a quienes tenemos una hija de la misma edad, no nos resulta muy difícil comprender lo duro que debe resultar, para unos padres, el tener que vivir la violación de su niña, máxime cuando esta se produce en una sociedad tan absolutamente mediatizada por la religión como para impedirles el ejercicio del derecho a salvaguardar la vida de su propia hija.
Al parecer, Rosa - que así se llama esta pequeña flor maltratada - sufre el llamado síndrome de 'hipertensión estacionaria', amén de padecer una infección renal y otra de transmisión sexual, que podrían provocarle un aborto expontáneo, con el riesgo que ello conlleva frente al provocado. Los médicos, que la han reconocido, consideran que su cuerpo no aguantará el embarazo y han aconsejado la práctica de un aborto, opción que sus padres aceptan como posibilidad a la que aferrarse para salvar su vida. -. "Tenebris, ¿quien no haría lo propio?" Y, mientras tanto, a los cuervos de la Conferencia Episcopal española (esos mismos que aconsejan el voto a favor de quienes propugnan la guerra en Iraq sin aportar pruebas concluyentes que la justifiquen); doctos hombres de la Iglesia que, al parecer, no tienen nada mejor que hacer que seguir intentando imponer su ideología sectaria, incluso a quienes hemos decidido caminar por el mundo sin ningún Dios en la frente, no se les ocurre otra cosa que saltar a la arena, a revolotear y graznar en círculos, demostrando, como tantas veces anteriormente, que se la trae floja que Rosa pierda esa vida, que dicen respetar tanto.La verdad es que esto del dolor de hígado debe ser contagioso... contagioso para todos menos para Dios y sus charlatanes secuaces quienes, al parecer, carecen de dicha víscera. Saturación Mario Benedetti Dejaré esta rosa en el abandono el abandono está lleno de rosas Y es que, como dijo el poeta, Babel está sola... muy sola. 2003-02-21 11:33 | 4 Comentarios Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://gargantua.blogalia.com//trackbacks/5599
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Por: James Randi / Traducción de Glenys Álvarez y Marcelo G Huerta de SinDioses.com
En el Candelabro y Crónicas desde Magonia
Por: Luis Alfonso Gámez
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