2003-04-01
La mujer invisible que entró en la Taberna del OlvidoHoy voy a contarles algo sin duda inquietante, una experiencia que me atrevería a calificar de cuasi paranormal. Y conste que digo cuasi porque, como todo fenómeno físico, la "aparición" de nuestro relato tuvo finalmente su explicación absolutamente racional y normal. Resulta que estábamos, recién entrados en la Taberna del Olvido, tras haber dado una vuelta por la nueva Travesía de Abandoibarra - esa de cuya inauguración les dábamos noticias el otro día en los Pasacalles de Gargantua -, de charleta, sentados a una de nuestras bien amadas mesas (hasta aquí, como pueden observar, nada fuera de lo habitual), tomando unos tragos de morapio y degustando unas brochetas, que había preparado la China para celebrar mi reciente cumpleaños, cuando repentinamente alguien ha golpeado violentamente la puerta. ¡POOMM! ¡POOMM! ¡POOMM! Al instante se ha hecho el silencio; un silencio tan espeso que podríamos haber oído volar a las moscas de no haber sido porque hace tiempo que se quedaron todas pegadas en unas amarillentas y pringosas tiras que la Juani dejó colgadas encima de las vigas. El caso es que allí nos podían ustedes haber visto a todos expectantes, sin atrevernos a mover los traseros de nuestros asientos, con las brochetas a medio deglutir en la boca, a la espera de ver quien atravesaba finalmente la puerta. Sin embargo, tras un par de minutos en los que imperó el sigilo de la cautela, nuevamente pudimos oír el estruendo del batir de la pesada aldaba contra la astillada puerta: ¡POOMM! ¡POOMM! ¡POOMM! A estas alturas de la película, la China ya había pegado un bote y se encontraba encaramada sobre mis rodillas, en un intento, no se muy bien si de buscar cobijo en mis brazos o de ahogarme entre sus tetas. Dentro de la taberna nadie movía ni un dedo y el repiqueteo del estruendo iba in crescendo: ¡POOMM! ¡POOMM! ¡POOMM! Así que la Flaca, con una silla en las manos, de la que levantaba las patas por delante - en un indisimulado intento de protegerse de no sabíamos muy bien qué -, se arrimó a la puerta y con suma cautela giró el picaporte. De inmediato pudimos ver como una sombra, una especie de ráfaga de aire que se colaba en la Taberna, algo innombrable que se abalanzaba en medio del zaguán y que, a pesar de ser conscientes de su existencia, ninguno de nosotros atinaba a identificar. -. "¡Vaya noche de perros!", brotó de la nada, "y además, con lo que pesa, ¡no hay dios que abra esa puerta!", prosiguió una voz de mujer. Las chicas de la Flaca corrían ya para entonces despavoridas, sin saber muy bien si iban o venían, probablemente a encerrarse en la misma habitación que la Juani (esa de la que no sale desde que el reptilón, que ustedes saben, se apalancase en el jardín). Juanele, mientras tanto, con su jarra de vino en la mano (se precia de que nunca se le ha derramado ni una gota), se acurrucaba debajo de la mesa, desde hacía bastante tiempo (y les ruego que no me pregunten como es que lo sé). La China, por su parte, seguía sin soltar presa, intentando ahogarme con renovados ímpetus eso sí sin conseguirlo, no en balde me crié junto al mar en donde pude practicar, desde jovencito, el arte del buceo a pulmón. -. "¡Pero bueno! ¿Es que están todos locos o qué?", profirió nuevamente aquella voz, a buen seguro regurgitada desde ultratumba. Solo recuerdo que, al saltar por la ventana, llovía fuera y que un viento infernal golpeaba con fuerza mi cara. Del resto de lo acontecido esta noche no tengo mayor noticia que la que Julio Arrieta, probablemente paralizado, en ese momento, por el pánico, pudo darnos noticia (hábil este Julio que de semejante experiencia es capaz de hilar un relato y de irse luego de copas con la responsable de nuestra zozobra). Al parecer, la voz pertenecía a una prima deKazutoshi Obana (el de la foto), amiga de la niñez de la China - quien seguía apretándome contra su pecho mientras yo corría como alma que llevaba el diablo -. Pues bien, a la buena de la chinita no se le ocurrió mejor cosa que, encontrándose por estos lares, pasarse por la Taberna del olvido a saludar y ya puesto, de paso, a correrse una juerguecita. ¡Lástima que la muy cabrita se olvidase de quitarse el impermeable de su primo de encima! ![]() El hombre invisible Un impermeable fabricado por ingenieros de la Universidad de Tokyo vuelve transparente a quien se lo pone Por: Julio Arrieta / Bilbao / El Correo
2003-04-01 08:18 | 9 Comentarios Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://gargantua.blogalia.com//trackbacks/6702
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Por: James Randi / Traducción de Glenys Álvarez y Marcelo G Huerta de SinDioses.com
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